Ermitas, Capillas y Conventos. La edilicia religiosa en la construcción de la ciudad colonial limeña


 

…………………………….Catedral de Lima hacia 1715.

No creo ha habido en el mundo ciudad que en tan breve tiempo haya crecido en número de monasterios ni iguale a los religiosos que en ellos sirven a Dios…como esta de Los Reyes, habieno ayudado muy poco o nada los príncipes y gobernadores de estos reinos al edificio dellos.

Reginaldo de Lizárraga, Descripción del Perú, Tucumán y Chile, Madrid, Dastin, 2002 (ca. 1607), p. 85

Artículo publicado en: Arquitextos Nº 19, Año 2005, pp. 49-57
Ver:
http://www.urp.edu.pe/urp/modules/facultades/farquitectura/arquitextos19.php?datafile=20
http://www.arcadiaperu.com/viewDetail.php?id_prd=409&page=13&aq=2&qv=7

Introducción
Al igual que en las ciudades europeas medievales y modernas, en América en general y particularmente en Lima, la edilicia religiosa tuvo un papel central en la estructuración física y espacial de la ciudad. Un conjunto de infraestructuras como iglesias, monasterios, capillas y otros, se emplazaban en la ciudad y su entorno rural, además de las iglesias parroquiales y la propia catedral. Su localización no era gratuita; ordenaban el espacio urbano desde un sentido religioso, funcionando como elementos de articulación del campo y la ciudad. Las iglesias además de sus funciones litúrgicas intrínsecas, constituyeron el ámbito final de los muertos, pues sus capillas y huertas se utilizaban como cementerios y catacumbas. Las plazas en torno a las iglesias constituían espacios de carácter festivo, núcleos de carácter social, económico y como referentes en el ordenamiento visual y perceptual de la urbe.
Este ensayo examina el papel que desempeñó la institución eclesiástica en la construcción de la ciudad virreinal limeña, analizando su importancia en la organización física y espacial de la urbe, su relación con el proceso urbanístico, así como los usos religiosos del espacio urbano.

1. Institución religiosa y proceso urbano
El Estado eclesiástico en el Perú virreinal se dividía, de acuerdo a su organización y funcionamiento, en seculares y regulares[1]. La Iglesia secular tuvo a su cargo la construcción de los primeros edificios de carácter religioso en las villas y ciudades de nueva fundación, cuyo trazado consideraba un solar para la edificación de la iglesia, mientras en las reducciones se determinaba otro solar para la construcción de la parroquia, destinada a la evangelización de los naturales.
Siguiendo este patrón fundacional, el trazado de la ciudad de Los Reyes asignó un solar en el perímetro de la Plaza Mayor, con la finalidad de edificar la Iglesia Mayor. Allí se construyó una primera capilla, con el fin de dispensar los oficios religiosos a los primeros vecinos, donde más tarde se edificará la Iglesia Catedral. En 1541, Pablo III erige la Iglesia de Lima en Catedral, como sufragánea de Sevilla, hasta que en 1546 se eleva a Arzobispado y la Iglesia adquiere la jerarquía de Metropolitana
[2].
Además de la iglesia, el trazado de Lima asignó un conjunto de solares para las primeras órdenes mendicantes: mercedarios, dominicos, agustinos y franciscanos
[3]. En la segunda mitad del siglo XVI se establecerán los conventos de mujeres como la Concepción y las Bernardas. Conventos y Monasterios, además de la Catedral, y el Santo Oficio, incidieron en la construcción de un entorno urbano donde el elemento religioso tendrá un papel protagónico en la organización y percepción de la ciudad.
En términos administrativos y siguiendo un ordenamiento eclesiástico, la ciudad se dividía en cuatro parroquias: El Sagrario, Santa Ana, San Sebastián y San Marcelo, que a su vez comprendían vice parroquias o parroquias anexas, como Los Huérfanos o San Lázaro. Esta última fue dependiente de la Catedral, constituyéndose en Parroquia sólo en la primera mitad del siglo XVIII. La administración de las parroquias estuvieron a cargo de las órdenes mendicantes: dominicos, mercedarios, jesuitas, etc.
La organización religiosa de la población limeña, articulada en parroquias o curatos, se extendió al área rural. Durante el siglo XVIII el valle de Lima se organizaba en siete curatos, que incluían siete pueblos anexos (Ver cuadro Nº 1). Las parroquias establecidas en las reducciones o pueblos de indios estuvieron a cargo de las órdenes religiosas. Algunas de estas parroquias se habían organizado en las primeras décadas de ocupación hispana del valle, a partir de un conjunto de doctrinas, que fueron las primeras instituciones coloniales constituidas en el área rural.
Por otro lado, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, se había iniciado un crecimiento progresivo en la edificación de conventos y monasterios, produciéndose un proceso de conventualización de la ciudad, consolidándose en el siglo siguiente un prototipo edilicio de arquitectura conventual que Ramón Serrera ha llamado “macroconvento” o micro ciudad dentro de la ciudad. Se trataba de estructuras con un importante nivel de autonomía y una densidad poblacional importante que permitían reproducir en buena medida el ordenamiento físico y social colonial
[4]. Así, durante el siglo XVII, con el desarrollo extensivo de las estructuras conventuales, tuvo lugar la culminación de esta visión religiosa-mística de construir la ciudad, siendo el convento la tipología edilicia paradigmática de este proceso que experimentó la urbe limeña.
Con el crecimiento de la ciudad, las órdenes se multiplicaron y con ellas, también sus edificaciones, estableciéndose entonces además de sus iglesias y claustros, otros equipamientos como casa de ejercicios o de oración, recolecciones y casas de placer o convalecencia en las afueras de la ciudad.
Tras el sismo de 1746 y con la implementación de las reformas propiciadas por la administración borbónica, esta organización de la ciudad vinculada a la esfera religiosa, basada en parroquias, empieza a resquebrajarse, implementándose un ordenamiento de carácter laico, organizándose la ciudad en cuarteles y barrios, a cargo de un alcalde de barrio, vecino y lego, antes que un cura o regular. El Intendente Jorge Escobedo promulga en 1785 el Reglamento de barrios y cuarteles de Lima, ordenando la división de la ciudad en 4 cuarteles y 40 barrios
[5].
Todos estos cambios generaron un proceso de secularización de la ciudad, que tendrá un impacto en el ritmo constructivo de la infraestructura religiosa, así como en el proceso urbano. Durante los siglos XVI y XVII se habían edificado la mayor parte de conventos de monjas y religiosos de Lima virreinal. En la primera mitad del siglo XVIII, se erigieron solo dos nuevos conventos y cuatro monasterios. Por disposición metropolitana, se prohíbe que las religiones construyan nuevas casas sin consentimiento real. Además, la Corona veía mejor ejercer la piedad colaborando en la edificación de hospitales y hospicios antes que en estructuras conventuales. Un momento culminante de estas medidas tiene lugar con la reconstrucción de la ciudad y el Puerto del Callao. Entonces se prohíbe la presencia de religiones en el Nuevo Callao o Real Felipe, así como en la Nueva Población de Bellavista, con el argumento que encarecían las obras, ocupaban los mejores sitios y entorpecían las labores de defensa
[6].
Durante la segunda mitad del siglo XVIII la edilicia religiosa construida es esencialmente de carácter reconstructivo y de rehabilitación antes que de nueva planta. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se construye la Iglesia de Las Nazarenas y Cocharcas, mientras el edificio emblemático de la Iglesia, la Catedral de Lima, sólo culmina su reconstrucción en 1801 cuando se finaliza la edificación de sus torres (Ver Lámina Nº 1). Hasta entonces, y durante más de medio siglo, la Iglesia Catedral conservó la impronta del desastre sísmico de 1746. (Ver Lámina Nº 2)
El colofón de este proceso de reformas, que tuvo particular incidencia en el clero regular, antes que en el secular, tiene lugar durante el gobierno del Virrey Amat. En 1767 la Corona determina la expatriación de la Compañía de Jesús, confiscándose sus bienes. Las casas religiosas y demás propiedades que tienen en la ciudad y sus alrededores quedan bajo administración de la Corona. La mayor parte de estas infraestructuras son recicladas, adquiriendo funciones estrictamente laicas.
A finales del Virreinato, Abascal informaba en su Memoria de Gobierno, que la población de las religiosas de los conventos grandes había disminuido, citando como las razones esenciales, la disminución de sus rentas y las reformas efectuadas por las mismas autoridades seculares. El Virrey concluía su informe, destacando que el objetivo de su gobierno y el de los siguientes deberían enfocarse en continuidad de estas políticas de control sobre los regulares
[7]

. Esta orientación del gobierno virreinal marcó la última etapa del desarrollo de la Iglesia durante el periodo virreinal peruano.

2.- Ciudad conventual y ciudad eclesiástica
María Emma Manarelli ha destacado el impacto de la esfera religiosa en la vida social de la Lima virreinal
[8]. El fuero religioso repercutió asimismo en la estructuración del espacio urbano, en su edilicia y en general en los procesos urbanos. Ramón Serrera, como hemos visto, ha señalado como una de las características saltantes del siglo XVII, el gran siglo del barroco, el proceso de conventualización de sus ciudades[9]. El desarrollo de estructuras conventuales fue un proceso de larga duración, que se inicia en la primera mitad del siglo XVI y culmina en la primera mitad del siglo XVIII: Dos siglos de desarrollo urbano marcados por el convento y monasterio, además de la edificación de un importante número de iglesias y capillas asociadas a las distintas instituciones y corporaciones coloniales. Este proceso tuvo su momento culminante a fines del siglo XVII. Como observamos en el cuadro Nº 1 y Nº 2, las tres cuartas partes de las estructuras conventuales se edificaron entre 1640 y 1686, antes del sismo de 1687, siguiendo un proceso que empezaba con la construcción de la Casa Grande y seguía con el noviciado, la recolección y el colegio o universidad. Este orden fue seguido particularmente por las órdenes más antiguas establecidas en al ciudad.
La población conventual, por otra parte, presentó fluctuaciones, en función de las rentas de las casas y de las reformas introducidas por los borbones con el fin de reordenar los establecimientos monacales, especialmente los femeninos, cuya población superaba largamente su capacidad. A fines del siglo XVII llegó a su punto más alto. El Virrey Gil de Taboada indicaba como en el transcurso de casi un siglo la población de las casas conventuales habían disminuido. Según el Padrón de 1700, las monjas y sus criadas ascendían a 3865 personas, mientras los religiosos, donados y esclavos llegaban a 2155. En el censo de 1792, levantado durante su gobierno, el primer grupo ascendía a 1585 personas. El segundo a 1392
[10]. Las cifras de Hipólito Unanue de 1795 avalan esta tendencia: 992 las casas masculinas y 571 las femeninas[11].
Por su parte, las casas de monjas en Lima, tuvieron una formación más tardía a diferencia de los conventos masculinos, estableciéndose varias décadas después, y por tanto ocuparon las áreas distantes de la Plaza de la ciudad. Las comunidades femeninas también se diferenciaron de las masculinas en que sus comunidades y casas alcanzaron un menor número, con una mayor densidad poblacional. Esta característica que lindaba con el hacinamiento, fue una de las características más criticadas por las autoridades laicas, que llevó a limitar la construcción de nuevas casas religiosas
En el momento máximo de este modelo de ciudad conventual, Lima contaba con 24 comunidades religiosas, 34 casas y una población conventual de 2977 personas. (Ver Cuadro Nº 3). Si incluimos a los jesuitas expatriados las comunidades ascendían a 26 y las casas a 40. En la segunda mitad del siglo XVIII, no obstante producirse una disminución en el ritmo de constitución de casas religiosas en Lima, fue el momento culminante del desarrollo de la infraestructura religiosa. Templos Mayores, Colegios, Recolecciones, Conventos/Monasterios e Iglesias menores se extendían a lo largo de la ciudad y sus inmediaciones. Con la expatriación de los jesuitas, el panorama tuvo un giro importante, produciéndose un punto de quiebre en el proceso urbano conventual limeño.
El impacto del fuero religioso sobre la ciudad se expresó también en la estructura de la propiedad urbana. En este aspecto, no obstante los cambios producidos en torno a las reformas de los regulares durante el siglo XVIII, la institución eclesiástica en general conservó a lo largo del virreinato, sus derechos sobre la propiedad inmobiliaria. Los religiosos, seculares y regulares, constituyeron los principales propietarios de los bienes inmuebles de Lima. Según un informe del Mercurio Peruano de 1791, tras las reformas de la administración borbónica, de 3941 propiedades que tenía la ciudad, 1032 pertenecían a las corporaciones religiosas. (Ver Cuadro Nº 4) El peso de la Iglesia en torno a la propiedad inmueble de Lima no perdió importancia hasta el final del virreinato y más bien, se prolongó hasta bien entrada la Republica.
Por otra parte, uno de los efectos del proceso de conventualización y sacralización de la ciudad se relaciona con las formas de visualizar y percibir la urbe. Así, la edilicia conventual como la religiosa en general cumplió un papel importante como elementos ordenadores de la imagen urbana. La construcción de un conjunto de torres, bóvedas, portadas, extensos muros y plazuelas definieron el tejido perceptual limeño. Características como su escala, volumetría y en general su morfología hicieron de la edilicia religiosa referentes en el ordenamiento espacial y confirieron una imagen particular, con fuerte sentido religioso, cuasi místico a la ciudad virreinal limeña. Estos efectos visuales podían contemplarse desde los recorridos por sus calles, desde los bordes de la ciudad y desde las afueras de la misma, como los arrabales de San Lázaro y la Plaza de Acho, tal como lo recogieron los pintores del siglo XVIII y XIX que pasaron por Lima. (Ver láminas Nº 3 y Nº 4)
Esta imagen espiritual que la edilicia religiosa confería a la ciudad, estuvo reforzada por la profusión de hombres y mujeres de vocación religiosa y del desarrollo de un recargado calendario festivo. Edificios y religioso/as impregnaban la vida de la ciudad virreinal limeña. Al respecto el Virrey Armendáriz señalaba que en Lima: “…las confesiones y comuniones son tan frecuentes en personas de ambos sexos, que parece que todas las iglesias son de recolección y que todos los días de la semana son de fiesta”
[12]

La ciudad virreinal fue una espacio de continuas festividades y demostraciones religiosas, que salían de los límites de claustros e iglesias para extenderse por toda la ciudad.

3.- Iglesia, ciudad y funciones urbanas
A lo largo del período virreinal, la infraestructura religiosa constituyó un elemento central en el ordenamiento de la ciudad. Además de los oficios religiosos propios de la Iglesia, las instituciones eclesiásticas cumplieron distintas funciones urbanas: administrativas, parroquiales, sanitarias, de servicios, comerciales, funerarias, etc. Funciones que en su mayor parte se fueron consolidando durante el período virreinal y se extendieron durante buena parte de la Republica, como las educativas y sanitarias, mientras las funerarias tuvieron un cambio importante entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, cuando se reglamenta que los entierros se realicen en los extramuros de la ciudad:
a) Funciones administrativas.- Después de sus fines religiosos intrínsecos, la siguiente función de la Iglesia fue la administración de la propia institución. La sede del Arzobispado de Lima, cuya jurisdicción se extendía desde Panamá hasta Chile, se encontraba en la Plaza Mayo de la ciudad. La infraestructura administrativa estaba conformada por el complejo que incluía la Catedral y el Palacio Arzobispal. Los órganos administrativos se componían de la Secretaria, el Cabildo y la Curia eclesiástica. La justicia se encontraba a cargo de cuatro tribunales con jurisdicciones específicamente eclesiásticas: el del Arzobispado, el del Santo Oficio, el de la Cruzada y el de testamentos y últimas voluntades.
b) Funciones parroquiales.- las parroquias tuvieron a su cargo la organización, administración y estadística de la población urbana y rural, estructurándose la ciudad en parroquias, organizándose los barrios o vecindarios en torno a las iglesias parroquiales y conventuales, articulando los diferentes sectores de la ciudad. Y a una escala mayor la urbe y el campo.
c) Funciones funerarias.- tradicionalmente los entierros se realizaban en el interior de las Iglesias, en la Catedral y en las iglesias parroquiales extramuros. Las iglesias formaban verdaderas ciudades subterráneas para los muertos, conocidas como catacumbas como las de San Francisco, que albergaban unas 70 000 osamentas, depositadas desde el siglo XVI, constituyendo el principal cementerio de Lima virreinal. (Ver Láminas Nº 5 y 6). También la Catedral cumplía funciones similares; en el patio conocido como Los Naranjos, se enterraban a los criminales y las prostitutas[13].
d) Funciones sanitarias.- Otra de las funciones que las religiones desempeñaron fueron las sanitarias. El Estado colonial, bajo una política propiciada por la propia Corona, había privilegiado la fundación y atención de los hospitales para los diferentes segmentos de la sociedad colonial: españoles, mestizos, indios y negros; hombres y mujeres; militares y civiles; laicos y religiosos; estableciéndose un número amplio de hospitales en la ciudad y sus alrededores. Se determinó que su administración estuviese a cargo de las órdenes mendicantes como los belethemitas que administraban el Hospital San Juan de Dios. Los hospitales incluían en su infraestructura capillas e iglesias. En algunos casos, la Iglesia constituía también el núcleo parroquial como fue el caso de de Santa Ana, donde funcionaba el Hospital de Indios, o San Lázaro en el Rímac.
e) Funciones ediles.- Otra de las funciones que cumplieron las iglesias fueron las vinculadas a los servicios, tales como la provisión de agua a los barrios de su entorno. En las inmediaciones de las plazuelas (de las iglesias) conventuales se encontraban los pilones y fuentes públicas, de donde se abastecían los moradores del barrio. Esta función permitió la consolidación de las iglesias y sus plazas como núcleos barriales, que se complementaba con otras funciones como mercadillos y lugares de beneficio y expendio de carne. (Ver Lámina Nº 7)
f) Funciones militares.- a finales del virreinato y tras las reformas de la administración virreinal contra las religiones, muchas de las casas de las órdenes fueron expropiadas, como las de la Compañía de Jesús, adquiriendo nuevos usos y funciones. Una de ellas, la Iglesia de Nuestra Señora de Los Desamparados, a la llegada del Virrey Abascal, se utilizaba como cuartel del cuerpo de artillería, alojando en algunas de sus dependencias, un total de 200 plazas con 16 caballos, además de los pertrechos de guerra.
[14]

.

4.- Iglesia secular y regular: tipologías edilicias
Como hemos visto, la edilicia religiosa desempeñó un papel central en la organización de la ciudad, desarrollándose diversas tipologías, que pueden determinarse de acuerdo a su escala y a su localización en la geografía urbana limeña, siguiendo patrones de localización definidos. Por otra parte, destacar que los edificios religiosos presentaron un importante dinamismo en estrecha relación con el desarrollo de la urbe. Muchos de ellos, tuvieron su origen en la construcción de ermitas y pequeñas capillas. Con el tiempo, buena parte de ellos pudieron constituirse en conventos, edificándose suntuosas iglesias, como fue el caso de Nuestra Señora de Cocharcas, o Los Desamparados, que de una pequeña capilla pasó en el siglo XVII a cargo de la Compañía de Jesús, funcionando como su casa profesa hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Diferenciamos entonces, seis tipologías, de acuerdo a sus funciones, administración, además de su escala y localización:
a.- El Complejo Arzobispal.- constituido por la Iglesia Catedral y el Palacio Arzobispal, formaban el núcleo religioso-administrativo de la iglesia secular. Emplazada en torno a la Plaza Mayor, este conjunto constituía la sede del Arzobispado de Lima, cuya jurisdicción tenia alcance continental.
b.- Conventos y Monasterios[15].- fundados por el clero regular, se trataba de un complejo arquitectónico constituido por un conjunto de dependencias, pudiéndose diferenciar: 1) El Claustro propiamente dicho y sus ambientes interiores, que dependía de la escala del convento: locutorio, sala capitular, refectorio, cocina, transepto, capillas, biblioteca, patios, galerías, almacenes, huerta(s), cementerio, etc. Los monasterios podían incluir uno, dos o una sucesión de claustros, generalmente de dos plantas, como San Francisco o La Encarnación, ocupando hasta cuatro manzanas. 2) La iglesia conventual, a la que se accedía exteriormente. Los conventos, Insertos en el tejido urbano, partían del entorno inmediato a la Plaza Mayor y se extendían a lo largo de la ciudad de acuerdo a su antigüedad. Los primeros conventos ocupaban las manzanas próximas a la plaza mayor.
c.- Parroquias.- establecidas en puntos distintos de la ciudad, estaban a cargo de las órdenes monásticas. Estaban constituidas por la Iglesia Parroquial, oficinas administrativas y otras dependencias, en función a su magnitud. Los complejos parroquiales de Santa Ana y San Lázaro incluían hospitales y cementerios. Las parroquias, fueron fragmentándose con el tiempo, cuando la población crecía, dando lugar primero a vice parroquias y más tarde a parroquias autónomas como San Lázaro que se desprendió del Sagrario o Los Huérfanos.
d.- Capillas y ermitas- se trataba de infraestructuras de magnitud limitada; erigidas en su mayor parte por cofradías y hermandades. Se situaban de forma dispersa en la ciudad, generalmente en sus límites y en torno a sus murallas, en los accesos a la ciudad, así como en el entorno rural. Una buena parte, llegaron a constituirse en conventos y monasterios.
e.- Iglesias institucionales.- la iglesia regular estuvo a cargo de la administración de las funciones sanitarias, educativas, y de caridad. Los diferentes edificios que acogían estas funciones incorporaban algún tipo de infraestructura religiosa. Así, se constituyeron las iglesias colegiales, hospitalarias, de los hospicios, etc. También pueden incluirse en esta las capillas pertenecientes a las diferentes instituciones virreinales: Palacio del Virrey, Tribunal del Consulado, Casa de la Moneda, el Cuartel, la Cárcel, etc.
f.- Beaterios.- eran casas de recogimiento y ejercicio espiritual de mujeres que no necesariamente hacían voto de clausura. A fines del siglo XVIII formaban 5 comunidades: Real Casa de Amparadas de la Purísima Concepción, Nuestra Señora de Copacabana, Santa Rosa de Viterbo, Patrocinio, Camilas y la Real Casa de Ejercicios, con un total de 62 beatas
[16]

. Los beaterios acogían además de las beatas de hábito, un importante número de arrepentidas, educandas y depositadas, como fue el caso de Las Amparadas que alcanzaban 184 mujeres, fuera de las de hábito.

La edilicia perteneciente propiamente a las órdenes mendicantes, por otra parte, presentaba distintas tipologías de acuerdo a sus funciones y a su localización en la ciudad: Iglesia, Casa Grande, Colegio y/o Universidad, Recolección, Casas de Ejercicios, Casas de placer.
a.- Iglesia.- aunque la iglesia y el claustro formaban un mismo complejo conventual, la iglesia presentaba un funcionamiento más bien abierto a la ciudad, al contrario del claustro, constituyendo un elemento articulador del espacio interior de la comunidad conventual con el entorno urbano. La Iglesia constituía el edificio resaltante del monasterio o convento, por su escala y volumetría. Su fachada por lo general se hallaba orientada a la Plaza Mayor.
b.- Casa Grande.- se denominaba así al complejo monacal, formado por el claustro conventual y sus dependencias y la Iglesia, incluyendo en su mayor parte una Plazoleta, que Antonio San Cristóbal denomina Plazuela conventual. Estos complejos correspondían a las órdenes monásticas más importantes establecidas en Lima durante el periodo virreinal como las masculinas de San Francisco o Santo Domingo y las femeninas como La Encarnación o La Concepción, llegando a ocupar entre dos y cuatro manzanas en la ciudad intramuros.
c.- Recolección.- se trataba de un edificio construido generalmente en las afueras de la ciudad, para el retiro y meditación de los religiosos, que podía localizarse fuera del casco consolidado o damero de Pizarro, en el perímetro de las murallas o en los extramuros de la ciudad. Por ejemplo la Recolección de Guía o Belén.
d.- Colegio y Universidad.- Entre las varias funciones que cumplieron las órdenes, además de las propiamente religiosas, fue la educativa, articulando religión y educación. En términos de equipamiento, incluyeron todos ellos, además del claustro, una iglesia o capilla, que les permitía las prácticas religiosas cotidianas. Por lo general, las órdenes de mayor antigüedad y envergadura fundaron colegios y universidades.
e.- Casa de Ejercicios.- se trataba de centros de meditación, oración y en general, de ejercicio espiritual, por lo cual se establecían en la periferia de la urbe intramuros como fuera de ellos. Como ejemplo citamos la Casa de Francisco Solano al final de la Alameda de Los Descalzos.
f.- Casas de placer o convalecencia.- eran centros de retiro, esparcimiento y descanso que los religiosos poseían en las afueras de la ciudad. Allí, buscaban restablecer su salud, aprovechando el clima benigno de los alrededores de la ciudad. Funcionaban asimismo como posadas, siendo utilizadas por religiosos, así como por funcionarios de la Corona, incluido el Virrey en sus viajes al interior del territorio.

5.- El espacio urbano: Organización y tipologías espaciales de vocación religiosa
Hemos señalado que el elemento religioso jugó un papel esencial en la estructura espacial y física de la ciudad. Sus edificios, infraestructuras y elementos organizaron la ciudad física y espacialmente; sus plazoletas constituyeron junto a las plazas los espacios ordenadores de la urbe, que se vieron fortalecidos por la presencia de iglesias mayores en su entorno. En la periferia de la ciudad, las iglesias, capillas, ermitas y demás casas marcaron las entradas a la urbe, localizándose en torno a las portadas o los caminos que conducían al centro de la ciudad. (Ver Gráfico Nº 1)
Las iglesias parroquiales fueron centros aglutinadores de las actividades urbanas. Constituían el núcleo de las parroquias, las unidades administrativas mínimas de la ciudad, y centro de la vida social. Los barrios se estructuraban en torno a estas iglesias, que a su vez, por su presencia, se convertían en referentes de estos barrios y que en conjunto articulaban la ciudad. Los edificios religiosos no sólo constituyeron estructuras autónomas y dispersas en la ciudad; también se asociaron. Por un lado, a la estructura barrial de la ciudad, como las parroquias y por otro a las diferentes corporaciones de la ciudad, que incorporaron capillas e iglesias menores en su infraestructura. Entre ellas: la Universidad, el Palacio Real, el Cabildo, el Tribunal del Consulado. En general, la mayor parte de las edificaciones públicas incluían algunos de estos edificios religiosos: cuarteles, hospitales, la casa de la moneda, el cementerio, etc. En el entorno comarcano de Lima, ordenaron el espacio rural y litoral, donde se establecieron un buen número de curatos en los pueblos y reducciones.
Por otra parte, la fundación de iglesias propició el crecimiento urbano en torno a ellas, constituyéndose barrios y parroquias, siguiendo un proceso similar a las colaciones en las ciudades medievales y modernas en España y en general en Europa, donde en torno a las iglesias se iban aglutinando una población heterogénea. Un buen ejemplo fue el sector Este de la ciudad, donde en torno al eje del camino a Maravillas, donde había un buen número de casas religiosas, fue estableciéndose una población numerosa, que más tarde daría lugar a los Barrios Altos[17]. Este proceso tuvo dos vertientes: 1) Un primer proceso de carácter dirigido, con la constitución de iglesias parroquiales como El Cercado, y con ella, la fundación del barrio de Santiago del Cercado. 2) Un proceso espontáneo, como el mencionado caso de Cocharcas o San Lázaro, donde tras la fundación del Hospital e Iglesia de San Lázaro, se fueron constituyendo los barrios de San Lázaro y Malambo.
El desarrollo de un urbanismo monástico no estuvo estrictamente dirigido hacia sus estructuras interiores. Se caracterizó además por una clara intención por proyectar su presencia en la ciudad, construyéndose un buen número de plazas al pie de las Iglesias, conformando plazas o plazuelas conventuales que se formaban cuando se prolongaba el atrio de los templos, extendiéndose mas allá de sus límites, ocupando si era preciso solares en la acera opuesta a su calle
[18], implicando procesos de cirugía y revitalización en la estructura rígidamente cuadriculada de la ciudad y generando espacios de franco diálogo con el entorno urbano laico. Las plazuelas conventuales constituyeron una forma de urbanismo generalizado en Hispanoamérica, pero único en el caso de Lima, por su nivel de desarrollo y extensión temporal, construyéndose hasta la primera mitad del siglo XVIII[19]

.
Además de las plazas, también las calles, los ejes principales y el espacio urbano en general estuvieron impregnados por elementos y usos religiosos. Tras la fundación de la ciudad, se había constituido la Plaza Mayor como núcleo central de la ciudad, situándose en su perímetro los edificios más importantes, entre ellos los destinados a funciones religiosas. Con el crecimiento de la ciudad y la estructuración de nuevos espacios, el elemento religioso siguió siendo un referente en la organización de los nuevos espacios urbanos, que se extendían hasta los confines de la ciudad. Diferenciamos cuatro tipos de espacios urbanos de vocación religiosa de acuerdo a su origen, funciones, escala y dimensiones en el escenario urbano limeño:
a.- Plazas.- constituían los espacios urbanos de mayor escala en la ciudad intramuros. Su trazado lo encontramos en la fundación misma de la ciudad, como la Plaza Mayor (Lámina Nº 8). En otros casos, como la Inquisición o Santa Ana, surgen con el crecimiento de la ciudad. En general, las plazas limeñas se asociaban a infraestructuras religiosas, vinculadas a la iglesia secular antes que la regular. La Plaza Mayor alojaba el conjunto conformado por la Catedral, el Arzobispado y la iglesia del Sagrario. En torno a la plaza de la Inquisición, se encontraba la sede del Tribunal de la Inquisición y la Iglesia del Hospital de la Caridad. (Lámina Nº 9) Mientras en el perímetro de Santa Ana se encontraban las iglesias del Hospital y Parroquia de Santa Ana y el Hospital de San Andrés. En el extremo Este de la ciudad, la Plaza de Santiago del Cercado incorporaba la iglesia Parroquial del mismo nombre.
b.- Plazuelas conventuales.- espacios urbanos construidos paulatinamente por las órdenes monásticas, tanto por conventos como monasterios. Se trataba de espacios de escala reducida. Podían formar una unidad con el atrio de las iglesias conventuales o se encontraban separados por una calle. Algunas de estas plazuelas incluían los pilones de abastecimiento de agua de la comunidad, utilizándose además como mercadillos.
c.- Espacios receptivos y puertas de la ciudad.- Algunas iglesias, capillas y ermitas se localizaban en torno a los accesos de la ciudad, constituyendo espacios receptivos de la urbe, señalando el ingreso a la misma, antes de la construcción de las murallas. Con la construcción de la fortificación limeña, las portadas tomaron esta función. No obstante, la edilicia religiosa ayudó a remarcar esta función, constituyendo junto a las puertas, núcleos receptivos de la ciudad. Algunos ejemplos: La Iglesia de Guía en el camino a Canta; La Ermita de las Maravillas al Este; Santa Catalina al Sur.
d.- Rutas y vías urbanas.- en este tipo de espacios incluimos los paseos y las sendas, en cuyo entorno se emplazaban un conjunto de equipamientos eclesiásticos, que reforzaban la definición de estas vías urbanas. Como ejemplo, el camino de Las Maravillas, entre Santa Clara y la ermita del mismo nombre, donde se emplazaban además de Santa Clara, casas como Nuestra Señora del Prado. Un eje similar fue el camino de Cocharcas, así como la Alameda de Los Descalzos, en cuyo entorno se hallaban conventos, beaterios y casas de ejercicios: San Francisco Solano, Patrocinio, Santa Liberata. En las afueras de la ciudad, en el eje entre Lima y el Puerto del Callao, se situaba la capilla de Nuestra Señora de La Legua, justo a medio camino entre ambos núcleos urbanos, constituyendo una parada obligatoria para los viajeros de esta ruta, donde además se encontraba una posada.

6.- Epílogo
El desarrollo de edificios y espacios urbanos impregnados por el elemento religioso durante el periodo virreinal fue de tal magnitud que se podría hablar de Lima virreinal, como una ciudad eclesiástica, que trasciende el concepto de ciudad conventual, como tradicionalmente se ha afirmado. Además de las estructuras conventuales, hemos estudiado el desarrollo de un conjunto de tipologías edilicias y de espacios urbanos, así como la estructuración de una imagen urbana fuertemente espiritual, definida en buena medida por el fuero religioso. Por los límites propios de un ensayo, no desarrollamos este tema con mayor extensión, constituyendo este trabajo una invitación a seguir explorando este tópico central de la historiografía virreinal limeña.

Notas
[1] Jorge Santacilia y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América, 1992 (1748), p. 463. Los primeros religiosos seculares llegaron al Nuevo Mundo acompañando a los conquistadores, como el Capellán Valverde a Pizarro, mientras los regulares se fueron estableciendo paulatinamente a lo largo del virreinato, siendo los mercedarios y dominicos, las primeras órdenes monásticas asentadas en la ciudad de Los Reyes.
[2] FREZIER, Amadée. Relación del viaje por el Mar del Sur, pp. 196-197
[3] COBO, Bernabé. La fundación de Lima, p. 27
[4] SERRERA Ramón María. “La Ciudad de Dios en la ciudad barroca: macroconventos en el Perú Colonial”, p. 2
[5] AHML, Gobiernos Distritales, Caja Nº 1, Documento 1, 1785
[6] MONTERO, Victorino. Desolación de la Ciudad de Lima…, p. 11
[7] ABASCAL Y SOUSA, Fernando. Memoria de Gobierno, pp. 28-30
[8] MANARELLI, María Emma. Pecados públicos. La ilegitimidad en Lima en el siglo XVII, p. 174
[9] SERRERA Ramón María. Op. Cit., p. 16
[10] EL Virrey Gil al Rey, 10 de Agosto de 1791. AGI, Indiferente General, 1527, f. 1086 r.
[11] CDIP, Tomo I, Volumen 8º, pp. 742 y 746
[12] MENDIBURU, Manuel de. Diccionario histórico-biográfico del Perú, Tomo II, p. 180
[13] LLANO ZAPATA, José Eusebio de. Memorias histórico-físicas- apologéticas de la América Meridional… p. 13
[14] ABASCAL, Fernando de. Memoria de Gobierno, pp. 352-353
[15] La diferencia entre conventos y monasterios es muy tenue en la documentación del periodo virreinal peruano. Los primeros suelen acotarse como las estructuras pertenecientes a órdenes masculinas, mientras los monasterios aluden a las comunidades femeninas. En rigor, la diferenta radica en que los monasterios se regían por el voto o promesa de estabilidad por el que un monje se vinculaba al monasterio, mientras los conventos surgieron más bien, como comunidades itinerantes. Sus moradas, por simples, recibieron el nombre de la comunidad misma: conventos. (TERUEL, 1993: 251)
[16] CDIP, Tomo I, Volumen 8º, p. 746
[17] PANFICHI, Aldo. “Urbanización temprana en Lima. 1535-1920”, pp. 33-34
[18] SAN CRISTÓBAL, Antonio, Estudios de Arquitectura virreinal, pp. 156-159
[19] SAN CRISTOBAL, Antonio, Op. Cit, p. 162

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~ por iberarquitectura en marzo 9, 2007.

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